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Un pronóstico desde las cicatrices: no habrán sorpresas este domingo en Venezuela

¿Abandonamos la esperanza?

Ya lo advirtió Sun Tzu en el Arte de la Guerra, ya en el siglo V a.C. Más de dos mil años han pasado y no hemos aprendido: la resistencia es una de las formas más crueles de enfrentarse a la batalla y si hay algo que nos suena a los venezolanos es esa palabra “resistencia” en boca de líderes opositores que cumplieron unos meses de fama y pasaron a esconderse, bien sea por “traición” o por el mismo miedo que se sembró en cada rincón de mi país, Venezuela.

Releo a Sun Tzu, quien hizo el manual para describir tácticas de guerra en la China de ese contexto, y vuelvo sobre estas dos partes con una sorpresa que no me resulta agradable. Lo leo diez años después de aquella primera vez y ya soy otra persona, me encuentro con temor ante estas palabras:

“Cuando sus armas luzcan opacas, su ardor esté abatido, su fortaleza exhausta y su tesoro agotado, otros jefes surgirán para tomar ventaja de los rigores que está sufriendo”.

“Por lo tanto, aunque muchas veces se afirme que apresurarse en guerra es un signo de estupidez, tampoco las demoras muy extensas son símbolo de inteligencia y no hay ningún ejemplo de un país que se haya beneficiado por un prolongado estado de guerra”.

La cruda realidad de estas palabras me devuelve una pregunta que me he hecho varias veces: ¿por cuánto tiempo no se tolera la injusticia? Desde el año 1999, cuando el expresidente Hugo Chávez tomó el poder, Venezuela poco a poco comenzó a transformarse y el peso de las pequeñas modificaciones no comenzaron a sentirse con tanta fuerza como lo hicieron años después.

Cada día que pasaba nos faltaba algo más de comida en la mesa, luego siguieron las medicinas y poco a poco nos restaron la humanidad hasta que nos convertimos en sombras.

Maduro
NICOLÁS MADURO.- Agencia Efe / Archivo

Solían decir que éramos el país “más feliz del mundo” y que, a pesar de todos los males, un niño siempre vendría “con una arepa bajo el brazo”. Los tópicos comunes se fueron desgastando entre hambre y miseria y la dictadura nos robó a cientos de personas para sumirnos a todos en la tristeza.

Los que murieron en protestas no volverán y sus familias no serán las mismas, conozco a un padre que fue asesinado, tengo un conocido que perdió un ojo y uno de mis amigos más cercanos fue perseguido y buscado por las fuerzas armadas hasta su casa.

Tengo familiares con cáncer y enfermedades autoinmunes, primos con trasplantes de riñon, que no podían (y aún no pueden) tener acceso a medicinas, y que tuvieron que vender hasta los zapatos para poder salir y esperar por un futuro mejor, en otras fronteras.

No son historias que leí en medios de comunicación, son mis propias historias, mi rectocolitis ulcerosa para la cual no tuve medicinas en Venezuela y el momento en el que perdí a mi abuela en el hospital en las condiciones más precarias, porque no teníamos dinero para pagar una clínica.

Este 20 de mayo, día de las supuestas elecciones presidenciales en Venezuela, no espero nada de una dictadura. No espero nada después de que ya nos han quitado todo y de que la “resistencia” nos ha causado cicatrices demasiado profundas.

Ya lo advirtió el mismo presidente de Smartmatic (la empresa que hace el conteo de votos en Venezuela) hace poco más de un año. Los votos son manipulados y todo el país sabe que desde hace demasiado tiempo, los alteran, y no sería diferente este año. Pero a nivel internacional no tenemos respuestas contundentes, no nos queda más que huir.

Frente a una dictadura que ha asesinado a cientos de personas, no existe lógica para considerar que puedan existir elecciones presidenciales. Sé que millones de opositores no van a votar por rechazo al teatro nacional que ocurre este domingo y que algunos, aún contaminados de esperanza de la “resistencia”, van a ofrecer un voto a algún candidato que “no sea tan terrible” como Nicolás Maduro.

Sé que un día pagarán por todo el daño que han hecho, pero mi pronóstico para este domingo es que sea un día triste, uno más que se perderá luego en la historia de Venezuela, uno que ya no duele demasiado porque ha perdido toda clase de esperanza. Aún así, un día triste.

Aunque quisiera equivocarme.

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Written by Natalie Azcona

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Editora de Contenidos, Viva Noticias - Política, inmigración, opinión y análisis. @nadeazcona

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