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Tu mejor vestido

Mujer

Tu mejor vestido

Hace poco leí un documental acerca de las mujeres mejores vestidas del mundo, ya que como a muchas, a mí también me gusta el buen vestir y un buen vestido. Entre las muchas celebridades hubo una que me llamó la atención.

[El desafío de ilusión óptica del que muchos están hablando]

Una mujer con un porte inigualable, elegante, con modales finos, educada y sobretodo hermosa, muy hermosa. Hablo de Letizia Ortiz, la reina de España, esposa del rey Felipe  sexto. La gente ha fijado sus ojos en ella, no solo por haber pasado de la nobleza a la realeza, sino que también por su elegancia y distinción.

Mientras seguía leyendo el documental, se me ocurrió que aunque nosotras no somos llamados “de sangre azul” también podríamos estar involucradas en el gusto del buen vestir. Seamos honestas, ¿a quién no le gusta vestir algo bonito, y si es nuevo mejor?

Debo confesar que soy una de esas mujeres que le encanta consentirse y busco cualquier pretexto para comprarme ropa nueva.

Debo confesar que soy una de esas mujeres que le encanta consentirse y busco cualquier pretexto para comprarme ropa nueva.

Es decir; si me siento triste o melancólica y tengo la posibilidad, me compro un vestido nuevo. Cuando estoy feliz o celebro una ocasión especial también me compro un vestido nuevo. En fin, amo tener cualquier pretexto para lucir algo nuevo (espero no ser la única).

Me considero fielmente admiradora, número uno, de aquellos que les gusta lucir de manera espectacular. Para mi gusto, no necesariamente tiene que ser algo de marca si no se puede. Soy una de esas mujeres que prefieren el estilo y la clase antes que la marca.

Me considero fielmente admiradora, número uno, de aquellos que les gusta lucir de manera espectacular. Para mi gusto, no necesariamente tiene que ser algo de marca si no se puede. Soy una de esas mujeres que prefieren el estilo y la clase antes que la marca.

Hace unas semanas tuve una excelente experiencia, precisamente con una dama de alta sociedad. Tuve el honor de conocer a la esposa de un empresario muy importante y a los padres de ella también. Estaban de visita por la ciudad.

Te podrás imaginar cómo lucía esta señorona. Se veía de portada de revista, de la cabeza a los pies. Era una diva digna de una alfombra roja.

Cuando alguien me llamó para presentarme con esta linda dama, me sentí un poco intimidada. Después de todo uno no conoce este tipo de gente todos los días y no sabes cómo será el trato. Con una gran sonrisa y con un poco de timidez me acerqué a ella,  le di la mano mientras mencionaba mi nombre.

Para mi sorpresa después de un fuerte apretón de mano, ella me echó el brazo como si me conociera de hace tiempo. Me agradeció repetidamente mi desempeño laboral en la empresa de su esposo y me dijo; “he escuchado muy buenos comentarios sobre ti”, sonreí orgullosa y sencillamente le dije que no tenía porqué agradecerme. Que yo estaba muy feliz con mi trabajo y que siempre haría lo mejor para representar la empresa.

Ella también sonrió y me hizo un cumplido diciendo que parezco una muñeca y que le gustaba mi personalidad. Creo que eso rompió con mi inseguridad y fue entonces que pude entablar una platica con ella por unos minutos.

Después de esa breve pero agradable conversación, ella como la preciosa dama que es, se despidió con cordialidad y me dio las gracias por haber sido tan amable con sus padres a lo cual traté de responder de la mejor manera.

Nos despedimos con un fuerte abrazo y cuando la vi salir me quedé pensando que efectivamente esta bella dama lucía como una reina. Pero lo que más me sorprendió no fue el vestido de marca o los zapatos súper caros  que ella llevaba. Lo que me impactó fue la humildad con la que ella me trató y el constante agradecimiento que me expresó.

Ese día aprendí que tu mejor vestido no es el exterior sino lo que vistes por dentro, en tu alma y en tu corazón. Ese día la vida me enseñó que es la actitud con la que nos proyectamos ante los demás, la manera en como tratamos a las personas y cómo los hacemos sentir, eso es en realidad lo que nos da distinción.

Ese día aprendí que tu mejor vestido no es el exterior sino lo que vistes por dentro, en tu alma y en tu corazón. Ese día la vida me enseñó que es la actitud con la que nos proyectamos ante los demás, la manera en como tratamos a las personas y cómo los hacemos sentir, eso es en realidad lo que nos da distinción.

Y aunque tal vez nunca usemos un vestido de Vera Wang o de Versace, en realidad lo que mejor nos lucirá es nuestra humildad, la gratitud ante la vida y la consideración hacia los demás. Según mi humilde criterio, eso creo que es ¡nuestro mejor vestido!

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