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Muñequita rota…

Mujer

Muñequita rota…

Cuando tenía ocho años recuerdo haber pedido como regalo de Navidad, una Barbie. Una de esas muñequita que todas las niñas quieren a esa edad. Y que vienen siendo como el prototipo de la mujer perfecta. Cuerpo escultural, facciones y cabello envidiable, la casa, el carro, el guardarropas de lujo, un novio guapísimo y la familia fuera de serie. En fin, en el mundo irreal de las muñecas Barbies, todo es perfecto.

Si alguna vez has visto o tuviste una de esas muñecas, sabes de lo que estoy hablando.

Pero cuando vives una infancia llena de limitaciones, una muñequita de este tipo puede ser un lujo. Así que después de tanto insistirle a mi madre, ella escuchó mi petición y en esa Navidad de 1984 mi regalo fue una tejedora y, adivinaste; una Barbie!!!

Allí estaba mi deseo hecho realidad. La muñeca que por mucho tiempo había deseado. Cabello largo rubio y con un sencillo traje de baño. No traía accesorios ni vestidos, pero era la muñeca que tanto había querido. Aunque era una de las versiones sencillas, a mí no me importó. Yo de cualquier manera tenía grandes planes para mi muñeca. Quería comprarle un largo guardarropa, muchos zapatos y todo lo demás, poco a poco. Mi ilusión era jugar con ella por horas.

Todo iba de acuerdo a lo que había imaginado, hasta que un día ocurrió algo que lo cambió todo.

Recuerdo haberla nombrado Malibu (así decía la cajita en la que venía). Me pareció coqueto el nombre, aunque tiempo después descubrí que era el estilo de la muñeca, así que decidí darle un nuevo nombre; Rosita.

Todo iba de acuerdo a lo que había imaginado, hasta que un día ocurrió algo que lo cambió todo.

Uno de mis primos y yo, solíamos discutir en todo momento. En una de esas peleas se molestó tanto que planeó hacerme una terrible travesura. A escondidas tomó mi muñeca Rosita, le arrancó las piernas, los brazos y con un marcador permanente, por encima de su sonrisa le dibujó una expresión de tristeza. Fue su venganza perfecta.

Cuando encontré a Rosita debajo de mi cama, estaba completamente destrozada. Recuerdo que con lágrimas en mis ojos logré reunir todas las piezas de su cuerpo plástico. Desesperada quise repararla sin ningún resultado, estaba muy dañada.

Cuando encontré a Rosita debajo de mi cama, estaba completamente destrozada. Recuerdo que con lágrimas en mis ojos logré reunir todas las piezas de su cuerpo plástico. Desesperada quise repararla sin ningún resultado, estaba muy dañada.

Al ver mi tristeza, mi madre trató de consolarme y después de algunos minutos me convenció de “dejarla ir”. Aunque fue doloroso mí, que tan solo era una niña, la puse en una bolsa de plástico y se la entregué para que hiciera lo más conveniente.

Después de esa amarga experiencia, han pasado algunos años. Ahora siendo una adulta recordé a aquella muñequita rota, que en un momento de mi infancia me hizo tan feliz. Pensé que de alguna forma las mujeres somos cómo Rosita.

Después de esa amarga experiencia, han pasado algunos años. Ahora siendo una adulta recordé a aquella muñequita rota, que en un momento de mi infancia me hizo tan feliz. Pensé que de alguna forma las mujeres somos cómo Rosita.

Llega un momento que pensamos que somos perfectas y que tenemos todo. Pero de pronto, sin esperarlo, llegan circunstancias en nuestras vidas que nos hieren y nos pueden lastimar tanto que nos paralizan. La muerte de un ser querido, la traición de alguien en quien confiaste, el abandono de tus padres o del ser que amado. Talvez alguien que con maldad y ventaja rompió tus sueños e ilusiones, dejando en tí un sentimiento de vacío y soledad aunque por fuera parece que sonríes.

Si eres una de esas personas que se ha sentido lastimada por las injusticias, atropellada por la maldad y la falta de compasión de otros, no te sientas sola porque a muchas nos ha pasado. A veces han sido circunstancias de la vida, por decisión o simplemente porque estuviste en el momento incorrecto con las personas incorrectas.

Si eres una de esas personas que se ha sentido lastimada por las injusticias, atropellada por la maldad y la falta de compasión de otros, no te sientas sola porque a muchas nos ha pasado. A veces han sido circunstancias de la vida, por decisión o simplemente porque estuviste en el momento incorrecto con las personas incorrectas.

Éramos muñequitas perfectas, con una vida envidiable, hasta que vino ese maldito momento en que todo cambió y nos dejó inservibles e irreparables a nuestro parecer; ¿fuerte? ¿triste? Pero es real y verdadero.

ROSITA RENACIÓ

Después de algunos años, mientras nos mudábamos de casa, encontré aquella vieja bolsa de plástico con mi muñequita rota. Pensé que podía llevarla a un lugar especial para repararla, algo así como un doctor de muñecas. El milagro ocurrió. La persona que reparó mi muñeca, lo hizo de tal forma que nunca creerías que un día estuvo rota.

Le colocó cabello nuevo y le reparó todas las fracturas. Fue un trabajo de varios días, pero después de un gran esfuerzo lo logró! Rosita quedó inmaculada como si nunca nadie le hubiera hecho daño. El reparador de muñecas la hizo nueva y nadie diría qué Rosita estuvo por años desechada en una bolsa de plástico inservible.

¿Quieres conocer el punto medular de la historia de Rosita, mi muñeca?

Conozco al mejor especialista para reparar muñecas rotas. Está dispuesto a emplear todo el tiempo que sea necesario para reparar cada una de las marcas y heridas que la vida te ha dejado. Nunca volverás a ser una muñeca rota. ¿Qué quién podría hacer esto? Solo tienes que mirar al cielo y ahí encontrarás la respuesta.

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