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Los más discriminados

Opinión

Los más discriminados

Hace un par de semanas, un amigo americano que trabaja conmigo me dijo lo siguiente: “Hoy por hoy, las personas que fuman son el grupo contra el que más son discriminados en los Estados Unidos” Sus palabras me dejaron completamente sorprendido.  Él es una persona con educación universitaria y alguien que puede tener diálogos interesantes relacionados a asuntos políticos y de aspectos económicos y culturales. Es decir, no es ignorante del tema sino que está al tanto de lo que sucede no solo a nivel nacional sino mundial y de la diversidad de este país. Es por todo eso que su comentario me causo cierto asombro.

A él no le ha tocado que el guardia de seguridad lo siga sin motivo de un lado a otro en una tienda solo para ver si no se va a robar algo; nunca ha sido seleccionado “aleatoriamente” para revisión extra cada una de las veces que tiene que abordar un avión; no ha sido detenido y cuestionado por la policía simplemente por el color de su piel; nunca ha tenido que trabajar el doble para obtener la misma posición o entrar a la misma universidad; no ha tenido que soportar los comentarios discriminatorios de las personas que consideran a todos los grupos minoritarios como algo extranjero a este país.

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Sé que las personas que fuman han visto como crecen las restricciones en cuanto a los lugares donde pueden fumar. Además, los costos de los cigarrillos siguen aumentando debido a los impuestos. Pero de ahí a decir que los fumadores son el grupo más discriminados en los estados unidos, pues hay mucha diferencia. Lo que quizás está pasando es que esta es quizás la primera vez que mi amigo realmente ha sentido la discriminación en carne propia. Al no formar parte de una minoría, muy seguramente nunca ha experimentado muchas de las situaciones que miembros de los grupos minoritarios hemos tenido que enfrentar. Es decir, ha tenido el privilegio de vivir en una sociedad que está diseñada por y para personas como él mismo.

 

A él no le ha tocado que el guardia de seguridad lo siga sin motivo de un lado a otro en una tienda solo para ver si no se va a robar algo; nunca ha sido seleccionado “aleatoriamente” para revisión extra cada una de las veces que tiene que abordar un avión; no ha sido detenido y cuestionado por la policía simplemente por el color de su piel; nunca ha tenido que trabajar el doble para obtener la misma posición o entrar a la misma universidad; no ha tenido que soportar los comentarios discriminatorios de las personas que consideran a todos los grupos minoritarios como algo extranjero a este país.

Sí, claro que reconocemos que las personas que fuman se han visto afectadas en su libertad para fumar y se enfrentan a tarifas de seguro médico más altas por las complicaciones de salud de dicho hábito. Pero en nuestra sociedad hay casos más aberrantes de discriminación, sobre todo aquellos que no vienen como resultado de un hábito formado sino por cuestiones que no se pueden controlar voluntariamente como el color de la piel o la forma de hablar, o por la identidad sexual, o por una discapacidad física o mental.  

Discriminación es que las primeras palabras en inglés que una niña aprende sean “dirty Mexican” simplemente porque el color de su piel es diferente a los demás niños de la escuela. Discriminación es que una pareja no pueda rentar un departamento en el lugar de su preferencia, o que reciban una tasa de interés mayor, simplemente por ser de una raza minoritaria. Todos esos casos de personas que me ha tocado conocer, y todos y cada uno de ellos son injustos y reprobables.

Discriminación es que a un veterano del ejercito de los Estados Unidos e le pida que presente su “Green Card” cada vez que solicita un servicio porque “parece” que nació en otro país. Discriminación es que una persona de Iraq que obtuvo su visa de inmigrante, después de arriesgar su vida por dos años sirviendo como Interprete para el ejército de los Estados Unidos, tenga que enfrentar muchos problemas al buscar trabajo porque su nombre “suena” musulmán y “se ve” como persona del medio oriente. Discriminación es que las primeras palabras en inglés que una niña aprende sean “dirty Mexican” simplemente porque el color de su piel es diferente a los demás niños de la escuela. Discriminación es que una pareja no pueda rentar un departamento en el lugar de su preferencia, o que reciban una tasa de interés mayor, simplemente por ser de una raza minoritaria. Todos esos casos de personas que me ha tocado conocer, y todos y cada uno de ellos son injustos y reprobables.  

Nuestro reto como comunidad es reconocer que hay un gran porcentaje de la población que ha vivido en una situación privilegiada y de la cual a veces no está ni siquiera consciente. Y que muchas personas en esta situación ven nuestros esfuerzos por lograr una sociedad y economía más justa y ecuánime como un movimiento de opresión hacia sus privilegios. Contrario a lo que ellos piensan, no estamos pidiendo “privilegios especiales” para este grupo o para aquel. Lo que exigimos es equidad en el trato para todos. Igualdad en el acceso a oportunidades. Justicia en la repartición de recursos.

Debemos seguir trabajando todos en conjunto para educar a aquellas personas en nuestra comunidad que no están conscientes de sus propios privilegios y de cómo estos afectan a otras personas. Debemos también estar conscientes de nuestros propios privilegios y no permitir que los mismos sirvan como fuente de discriminación para nadie más.

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