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El Muro de Trump

Opinión

El Muro de Trump

Sorprendiendo a propios y a extraños, y más bien como si se tratara de un cuento de realismo mágico de Juan Rulfo, Donald Trump ha sido nominado a la presidencia de los Estados Unidos. La candidatura se hace oficial a pesar de que Trump se ha dado gusto atacando a diferentes grupos de personas incluyendo la comunidad mexicana, los musulmanes, las personas con discapacidades, las mujeres, los veteranos de guerra y varios otros grupos minoritarios. Durante su campaña política, Trump ha hecho muchas promesas pero siempre es sumamente impreciso en la forma en la que piensa completar lo que está proponiendo. Hay una propuesta en particular que resulta de mucho interés para todos los miembros de nuestra comunidad: El muro de Trump. 

Vamos a empezar diciendo las cosas como son: El muro de Trump es una idea absurda, imprudente e impráctica. Así de fácil y así de contundente. Es absurdo querer construir un muro en toda la frontera sur del país, es imprudente pensar que esto no tendrá repercusiones internacionales, y es impráctico erigir una barrera que no va a servir para nada. 

 “Voy a construir un gran, gran muro en la frontera sur” dijo Trump “Y voy a hacer que México pague por ese muro”. El muro en cuestión sería de concreto sólido y cubriría las casi dos mil millas de distancia de la frontera. Y sería de 25 a 35 pies de alto….bueno luego dijo que de 40 pies. Después que 50. Y en otra ocasión dijo que quizás más de 50…

Además, según sus propias estimaciones, el muro costaría 5 mil millones de dólares… aunque luego dijo que de 8 a 12 mil millones. Pero una estimación más concisa por parte del periódico The Washington Post pone el costo del muro en alrededor de 25 mil millones. 

Ahí está la primera problemática del asunto: de donde va a salir el financiamiento para este proyecto. La solución de Trump es una joya de la política quimérica: “México va a pagar por el muro.” Ahora sí que como decimos en México “Si, como no, ¿y tu nieve de limón, de que la quieres?”.  

La estrategia para obligar a México a pagar por la construcción es la de utilizar las remesas que los indocumentados mandan hacia su país de origen. El plan es utilizar el Patriot Act (Ley Patriota) para obligar a los bancos a determinar el estatus migratorio de las personas que están mandando dinero a México. Y de esta forma imponer un impuesto a las personas que no pueden comprobar que están en este país de forma legal. 

Esa idea simplemente no va a funcionar. Primero que nada, el Patriot Act no le proporcionaría las facultades a Trump para imponer ese tipo de impuesto. Así de fácil. Segundo, gracias a nuestro bendito sistema capitalista, tan pronto como se ponga un impuesto a las remesas, las instituciones financieras buscarán la forma de crear nuevos instrumentos para enviar dinero al extranjero de manera más económica.

Además, para construir un muro no se trata simplemente de llevar mil camiones de cemento y dos mil albañiles para empezar la obra. Se necesitarían de renegociaciones en los Tratados de Límites Territoriales entre México y los Estados Unidos. Igualmente, gran parte de la frontera es propiedad pública mantenida en Parques Nacionales que necesitarían de la aprobación del Congreso para destruirlos y poder construir en ellos. 

Por si todo eso fuera poco, una parte de la frontera es propiedad privada y muchos dueños podrían oponerse al precio de compra por sus predios y pasar años en demandas legales para prevenir la venta. Y, para acabarla de amolar, también se debe de considerar los movimientos naturales del Rio Colorado y el Rio Grande. Los cuales requerirían de un muro que permita una frontera hasta cierto punto fluida, con movimientos de temporada y que además permita la salida de agua pero no la entrada de personas. 

O sea que como he dicho anteriormente, el muro de Trump es una idea absurda, imprudente e impráctica. La verdadera intención es quizás crear una barda como el Muro de Berlín: una barrera que separa ideologías más que poblaciones. Un muro que es establecido con la pretensión de ser por “razones de seguridad” pero que más bien termina siendo un monumento vergonzoso de un grupo de personas que creen ser mejores que las demás. 

Estamos en los momentos de decisión. Somos una nación de inmigrantes. Llego el momento de actuar. De alzar la voz y ser parte importante del proceso de elección de nuestros representantes. Hay muchas personas que me comentan que “pero es que yo no puedo votar…” y mi respuesta siempre es la misma: usted quizás no puede votar, pero yo le prometo que usted conoce cuando menos diez personas que si pueden hacerlo… amigos o familiares, compañeros de trabajo o de la escuela, personas en la iglesia o en el vecindario. ¡Hay que hablar con todos ellos y convencerlos de votar!

Somos una nación que se niega a regresar a la idea de que un grupo de personas valen menos simplemente por el color de su piel, o por el lugar de donde vienen, o por el tipo de persona que quieren amar, o por la discapacidad que tienen o por la religión que profesan. Somos una nación que ha entrado al nuevo siglo como el ícono de igualdad. De equidad. De respeto a nuestras diferencias. No es que tenemos que “volver a ser grandes como nación”. Siempre hemos sido grandes y lo seguiremos siendo… 

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