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El Camino

Los domingos para mi padre eran de pasar tiempo en familia y para ir a caminar a una barranca cerca de donde vivíamos. Confieso que era un lugar intrigante y temible, con muchos camino.  Las mamás inventaban historias de personas que supuestamente desaparecían en ese lugar, todo para que sus hijas no fueran a la barranca con los novios.

A mí, una chica de 12 años, no me hacía gracia levantarme temprano el día de descanso. Recuerdo que en una visita, mi papá nos vistió con zapatos cómodos, nos dio una bolsa de provisiones para el camino y mucha agua. Ese endemoniado camino pedregoso nos dejaba exhaustos, especialmente a la hora de subir.

De bajada, lo fresco de la mañana nos favorecía. Pensar regresar en el medio del camino ¡ni de chiste! Después de dos o tres horas de caminar, nuestro premio era refrescarnos en un arroyo. En el trayecto algunos se regresaban a mitad del camino y otros sólo llegaban a sentarse a la orilla a contemplar el panorama.

¿Pero sabes cuál era el verdadero reto? Subir ese camino de regreso. Todos cansados, hambrientos y mojados, ¡no había opción!, si queríamos llegar a casa tendríamos que hacer un doble esfuerzo para salir de esa barranca.

Comenzábamos a quejarnos del calor y a enojarnos. Lo que había sido un divertido paseo familiar se convertía en algo casi intolerable. Recuerdo como mis piernas se doblaban al punto de querer llorar y rendirme.

Exhaustos, sin fuerza y sin voluntad para seguir, oíamos la voz de mi padre que nos preguntaba; ¿están cansados? ¡Sí! respondíamos. Entonces decía; deténganse un momento y respiren antes de volver a caminar. Tomábamos fuerza y veíamos el camino ya recorrido. Nos daba un momento de satisfacción y añorábamos tanto, llegar a la salida.  

A veces comparo la vida con este camino. Me doy cuenta que en esta travesía encontraremos situaciones que quizá nos hagan considerar quedarnos a la mitad o peor aún, solo sentarnos a la orilla a mirar a los otros llegar a la meta.

Reflexiono y creo que entendí lo que mi padre quería enseñarnos. Primero; que en la vida tienes que ser determinado y valiente, sin opción de quedarte a medias. Segundo; que la belleza del panorama está adentrándose en el sendero. Y tercero; que a pesar de los obstáculos, también encontrarás cosas maravillosas..

Definitivamente también vas a estar cansada y agotada. Nadie dijo que el camino sería fácil y mucho menos corto. Pensarás abandonar pero, me gustaría que escuches la voz mi padre diciendo: detente por un momento, respira profundo y ¡vuelve a caminar! Entonces mira a tu alrededor y te darás cuenta que aunque falta camino por delante, es mucho más el camino que ya recorriste.

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