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Debajo del puente

puente

La vista desde el séptimo piso del hospital era impresionante. Era como una pintura que tiene todo tipo de detalles. Desde esa altura podías ver un gran puente que conectaba calles de la ciudad, y un río que acentuaba la belleza del paisaje.

El agua del río se movía con suavidad mientra era acariciada por los rayos del sol. Era como ver a dos amantes enamorados. El paisaje podía quitarle la respiración a cualquiera.

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Un día mis ojos se posaron en una pequeña tienda de campaña que estaba debajo del puente. Mi curiosidad creció cuando distinguí a una mujer viviendo allí. Me preguntaba quién era. ¿Por qué vivía debajo de un puente? ¿Acaso era una turista aventurera?

Un día mis ojos se posaron en una pequeña tienda de campaña que estaba debajo del puente. Mi curiosidad creció cuando distinguí a una mujer viviendo allí. Me preguntaba quién era. ¿Por qué vivía debajo de un puente? ¿Acaso era una turista aventurera?

El tiempo de visita en el hospital terminó. Me despedí de mi amiga y le dije que regresaría. Al llegar a casa olvidé lo que había visto esa tarde, pero al día siguiente al regresar al hospital si que seguía la casa de campaña debajo del punto y que no solo había sido mi imaginación.

Pregunté a una enfermera ya que esto de verdad me intrigaba. Supe que no había sido la única en preguntar. Me dijeron que la inquilina del puente había llegado años atrás después de perder parte de su familia y de su fortuna.

Ella había sido una mujer con buena posición económica, pero una traición financiera y familiar, la dejó en la calle. Sin opción ni deseo de reincorporarse a la sociedad, buscó sobrevivir alejándose de todo.

También me contaron que instituciones religiosas, servicios sociales y hasta antiguas amistades habían intentado ayudarle sin éxito. Parecía que esta mujer nunca pudo perdonar y tampoco superar lo ocurrido. Optó por vivir su propio mundo llena de amargura y soledad.

También me contaron que instituciones religiosas, servicios sociales y hasta antiguas amistades habían intentado ayudarle sin éxito. Parecía que esta mujer nunca pudo perdonar y tampoco superar lo ocurrido. Optó por vivir su propio mundo llena de amargura y soledad.

Al ver mi asombro y preocupación la enfermera me dijo; “no se preocupe señora, la ayuda ha existido siempre pero no se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado”.

Reflexión de la historia

Las tragedias o traiciones nos sorprenden y quebrantan. Nos despojan de lo felices que un día fuimos. Aunque intentamos tener vidas normales, internamente nos invade la tristeza y amargura.

¿Sabes por qué hablo con tanta familiaridad? Porque conociendo la historia de esta señora, puedo decir que también yo viví bajo de un puente no físicamente, pero sí en mi interior. Hace años un evento personal me sorprendió y me dejó confundida, llena de dolor.

A diferencia de nuestra dama del puente, cuando alguien me extendió su ayuda la tomé. Me rehusé a vivir en la amargura del pasado porque sabía que afectaría mi futuro.

Tú también puedes lograrlo. No permitas que las tragedias o pérdidas te despojen de la mujer fuerte y maravillosa que hay en ti. Así como el sol sale radiante cada día y se oculta para dejar que la noche reine por unas cuantas horas, siempre habrá oportunidad de volver a comenzar.

Recuerda quien eras antes de vivir debajo del puente; confía y aférrate a la esperanza de que las cosas serán diferentes. Te diré que el tiempo lo cura todo y como dijo aquella joven enfermera; siempre habrá ayuda para el que quiera ser ayudado.

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